miércoles, 18 de mayo de 2011

¿Nosotros desprestigiamos la política?

Desde el domingo aquí los jóvenes inquietos y hartos de estar hartos nos sentimos eufóricos. Más que cualquier otro lema, coincido con varios amigos en que lo que más se repitió en las manifestaciones del 15m fue: "¡Qué de gente!". Impresionante.
Ahora bien, los gerifaltes de este país comienzan a sudar tintan, principalmente aquellos que con un cinismo total se autodenominaban de izquierda, mientras adoptaban sin miramientos toda apostura propia del neocon más thatcheriano. Y ahora el mantra que repiten cual adeptos talibán es "así se desprestigia la política".
¿Nosotros desprestigiamos la política? No damas y caballeros.
La política se desprestigia cuando reciben prejubilaciones con fondos públicos quienes jamás trabajaron en una empresa.
La política se desprestigia cuando se reciben trajes a cambios de, presuntamente (aquí todo es muy presunto), de otorgar concesiones, extendiéndose la trama hasta la misma cerviz del partido.
La política se desprestigia cuando se dice un día que se cesarán a quienes estén imputados, pero al día siguiente no se retira al primero.
La política se desprestigia, por supuesto, cuando las nomenklaturas internas se eternizan en el poder, cuando los vástagos heredan cargos, cuando volvemos a la sociedad estamental al tiempo que miles de jóvenes, simples hijos de vecino, engrosamos un escabroso 40% sin empleo.
Y, desde luego, la política se desprestigia cuando nos plegamos a la banca y a los poderes extranjeros, decimos "si bwana" a quienes nos denominan despectivamente PIGS aunque ellos alentasen y se lucrasen de estos morenitos indolentes tan graciosos y vividores.
Estas, y muchas más que la memoria y el espacio no me permiten señalar, son las causas que desprestigian a la política. Ustedes la desprestigian.

Hartos de estar hartos.

Y lo peor es que la culpa ha sido nuestra por no activarnos antes.

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