martes, 8 de marzo de 2011

Siendo yo, soy vista como ella

Parece, como asegura Casilda Rodrigáñez en LA SEXUALIDAD Y EL FUNCIONAMIENTO DE LA DOMINACIÓN, que más que como ser humano los demás me ven a priori como mujer. A esto, es habitual asociar un atributo esencial: cuidadora. Además, tengo útero, se sobreentiende que algún día lo utilizaré para procrear. Qué mejor que ir poniendo a prueba ese lado maternal con toda aquella criatura que encuentre por el camino. Se me olvidaba adjetivar como "indefensas" a esas criaturas. Porque, comparándol@s con nosotras, que desde pequeñas se nos requiere adquirir habilidades varias para poder solventar cualquier situación cotidiana, son indefens@s. Por lo tanto, tendremos que protegerl@s. Y mimarl@s. Sólo así llegarán a adoptar un papel protagonista y nosotras, eternas secundarias, dejaremos oculto nuestro talento en pro de l@s indefens@s.

"No es con paternalismo como se contribuye al avance de la mujer", escucho en la televisión. Es cierto, pero aún menos desde el androcentrismo, visión totalitaria en Occidente. Ellos no pueden llegar a entender las veces que una mujer debe justificarse cuando se aparta mínimamente del patrón establecido. Ellas, nosotras, no nos percatamos de lo asumido que tenemos nuestro rol. Tanto, que hasta las más progresistas, las que leemos textos de Chomsky o biografías de figuras relevantes para nuestro género como Clara Campoamor, pisamos a nuestras iguales, las aplastamos. Adquirimos la dureza del rol masculino para desempeñar nuestra labor (profesional, que no de costura) y demostrar nuestra fortaleza a base de control -que no autoridad- mal empleado.

Generalizo, sí. Porque este esquema es el que sigue la sociedad en la que vivo y porque la mayoría está asentada en la actualidad, no en el cambio que lleva implícito el futuro. No obstante, antes de concluir, me gustaría animar a la minoría, motor del progreso. Asimismo, me solidarizo con todos aquellos hombres que cargan con el lastre de demostrar día a día su dureza y virilidad, además de cierta capacidad de poder, acción y seducción.

Y después de escribir mis impresiones tendré que escuchar cómo un tío le dice a otro "eso te pasa porque te la buscaste rojilla. Deberías haber ido a por una sumisa como la mía".

Fin del cuento, del que otr@s sacan las moralejas.

3 comentarios:

José Cabello 10 de marzo de 2011, 1:09  

Idóneo artículo para una fecha como es el día después del 8 de marzo y de haberse proyectado una película como la vida de Clara Campoamor.
Echando la vista atrás podemos ver los progresos de la mujer en el contexto social, donde cada vez tiene más cabida y todo indica que así siga hasta -quién sabe cuándo- conseguir la igualdad que se merece. Para ello, la mujer tendrá que luchar con dos enemigos reconocidos: los hombres que aún reniegan del mundo en que vivimos y que condenan a la mujer a un papel secundario... y la propia mujer. Que no sea una traba para sus semejantes es una asignatura pendiente, rebajar ese estatus de rudeza e insensibilidad que confiere el progreso y el poder a ellos y a ellas e intentar luchar por un mundo más humano. Un mundo en el que la mujer no será tratada como un objeto y no pasará gratis a las discotecas para ser un reclamo para el hombre, un mundo en el que la custodia de los hijos no será concedida a la mujer por el mero hecho de serlo, sino al miembro de la pareja que realmente lo merezca (e incluso la custodia compartida), y un mundo en el que la mujer no tenga que trabajar el doble para equiparar su sueldo al del hombre.

Hace tiempo se veía imposible que prohibieran fumar en los bares, hoy es una realidad ¿Por qué no vamos a poder seguir evolucionando por el bien de tod@s?

Jose Rodríguez 10 de marzo de 2011, 15:59  

En primer lugar, y sin querer poner a las mujeres en un segundo plano, me gustaría vindicar una víctima colateral del machismo en el trabajo: el empleado. Vosotras tenéis que aguantar ser tratadas como floreros, el acoso de jefes asquerosos, mobbing maternal, etc. A la par, cuando el jefe-acosador de turno os invita a café para propasarse, os pone un horario mejor (que casualidad, idéntico al de él), os quiere como auxiliar en la reunión, quien asume la mayor carga de trabajo, a quien mandan a hacer imaginaria con los grillos, es a un hombre. Por eso creo que la igualdad es necesaria por eso mismo, por igualdad.
Segundo, y espero que no me odiéis, es que me declaro completamente en contra de iniciativas pseudo-igualitarias como la paridad: sé que son simbólicas, pero la igualdad se basa en que una persona (porque por encima de sexos, razas, credos y todas las demás diferencias que puedan hacerse todos somos eso, personas) sea la mejor en su puesto, no por cuestión de que sea mujer u hombre. Flaco favor se le hace a esta causa que pongan un número igual de ministr@s, delegad@s de empresa o el cargo que se les venga en gana. Lo que quiero es que esa persona sea eficiente y ya está, por Dios Bendito!!!!!!!!!!!
Muchas gracias

POTI 11 de marzo de 2011, 17:19  

Hola quiero expresar mi solidaridad con la mujer luchadora que, día a día, da un paso más para allanar el camino a las generaciones venideras. También quiero compartir una experiencia personal: Soy un padre que es parte activa de la educación y formación tanto personal como cultural de su hija de siete meses recién cumplidos, A diario doy de comer a mi niña cuando se levanta, la dejo dormir en su cama para así realizar tareas domésticas, cuando se despierta pongo sus dibus favoritos (en inglés para que vaya familiarizandose con el idioma), hacemos ejercicios, la visto, la peino, la baño, le doy paseos, hasta que llega la hora de ir a trabajar, que es cuando se me parte el alma al separarme de ella. Yo creía sentirme como cualquier ama de casa dedicada a su família, pero me faltaba algo...
Recientemente visitamos a su pediatra y no salgo de mi asombro cuando ni siquiera dirige su vista a mi al explicar que está acatarrada, intento hablar con esta persona para hacerle notar que soy yo quien la cuida diariamente y describirle la sintomatología que presenta, pero no me deja acabar la frase, deja de mirarme y continua hablando con mi compañer@, dejándome una larga cara de idiota.
Entonces es cuando siento por primera vez en mi vida rechazo en base a mi género, es muy desagradable, y en ese instante llego a la conclusión de que no tenía ni la más remota idea de qué sentía una mujer al ser rechazada por su género.

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