viernes, 4 de febrero de 2011

Crónicas desde la Buhaira II

Avenida de la Libertad

Estoy en Túnez, soy de Túnez. Desde el cielo la gran laguna o pequeño mar que recibe el nombre de La Buhaira, bañando la ribera de la ciudad. El itinerario comienza en la avenida de la Libertad y yo inclino mi cabeza. Una larga calle con numerosos edificios neocoloniales. Es viernes por la mañana y hay mucho bullicio. Un tanque del ejercito, sólido, da la bienvenida junto a la sede de la radio tunecina, frente a el otra tanqueta cubierta de ramos de flores. Inicio el recorrido… La sede del Instituto Bourguiba de Lenguas Vivas donde hace muchos años estuve estudiando. En la manzana contigua se encuentra la gran Sinagoga de Túnez (existe una muy antigua comunidad de judíos tunecinos, muchos de ellos de origen sefardí) Hombres enchaquetados forman un corro que invade la calzada, no paran de hablar entre ellos. Paso junto a una de las mezquitas más populares de la ciudad. Una pequeña carnicería con letras en hebreo, dice Casher. Un camión del
ejército junto a la sede de correos y telégrafos. Enciendo un cigarrillo y un joven me pregunta si soy italiano. Dejo a mi izquierda un pequeño templo de la comunidad ortodoxa griega de Túnez. En la prolongación final de la avenida una pintada: merci le peuple, merci facebook. Un pequeño grupo de manifestantes invaden la calle, encabezados por jóvenes con larga barba y seguidos de unas quince mujeres totalmente cubiertas. Llevan letreros artesanales escritos en árabe, piden libertad para que las mujeres puedan ir cubiertas sin ser acosadas por ello.

Me encuentro ya en el inicio de la imponente avenida de Habib Bourguiba. Toda la avenida, atestada de gente, es un rumor de horizonte… Decenas de pequeños y grandes grupos. Parecen ociosos. Están hablando todo lo que han callado durante decenios. El lenguaje corporal es un poema de la contingencia y del abandono. Se sienten libres ahora. Son libres. Descanso un rato en la escalinata de la Catedral de San Vicente de Paul y Santa Olivia. Frente a mi la estatua de Ibn Jaldún (precursor indiscutible de la geografía y sociología moderna y descendiente de andalusíes sevillanos) flanqueada por dos enormes tanques del ejército. La gente cruza la avenida para saludar a los soldados y hacerse fotos junto a los tanques. Un grupo de jóvenes aprovisionados de grandes bolsas de basura y escobas limpian las aceras. Me acerco a ellos, les pregunto por qué están haciendo eso. Me dicen que la avenida lleva veinte días con manifestantes y concentraciones y que deben mantener una imagen de limpieza y orden. Me dejan una escoba y barro con ellos…Me piden que les cuente y yo les pido que acepten mi silencio, en este momento lo mejor de mí. Me preguntan por Franco (ellos se acuerdan de este personaje) y les recuerdo que el dictador nuestro se murió en su cama, viejo y enfermo. Ellos han expulsado al suyo…

Frente al Teatro Municipal alguien saca una bandera de Egipto y de forma espontanea se inicia una manifestación al grito de Mubarak dégage, ¡Mubarak lárgate! Me encuentro con un viejo amigo tunecino, historiador. Vive a varios kilómetros de la ciudad. Está en paro. Quiere realizar su doctorado sobre moriscos y sefardíes en Túnez. Siempre la memoria ocultada. No para de hablar. Es difícil traducir simultáneamente todo lo que dice. Imposible asimilar todo lo que quiere decir. En las cafeterías hay miradas que se desvían. La librería Kitab con el escaparate a rebosar de libros prohibidos hasta hace varias semanas. Tiempos de penuria y alegría. Cada día mantienen un pulso contra la contingencia urbana del miedo. Lo que veo me sirve para aprender el mundo y sus causas. Nosotros hemos heredado la tarea del olvido. Ellos están, ahora, en la tarea de la memoria pasada y reciente. Sobre esa memoria recuperada, redescubierta, construyen el presente.

Siento como si una cohorte de hormigas estuviesen atravesando mi tráquea. He llegado a este país calzando unas sandalias de plomo. He pasado la mañana en una metáfora que me ha ido aligerando el peso. La avenida de la Libertad es un impagable elogio a la diversidad.

Sebastián de la Obra
Historiador. Director Biblioteca Casa de Sefarad- Casa de la Memoria
Miembro del Grupo de Facebook “Solidaridad española con el pueblo tunecino”

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