sábado, 15 de enero de 2011

La cultura de la mediocridad


Leo que un tenista, número 683 de la ATP, va a ser el próximo tronista de Mujeres y Hombres y Viceversa. Veo cómo una periodista, centrada en el ámbito deportivo, ejerce como modelo en varias publicaciones y spots de televisión. Me cuentan que lOs deportistas se fijan en mujeres ricas en belleza y popularidad. ¿Se impone la cultura de la mediocridad? Esta pregunta me lleva a un pensamiento: aquello que no sale en la mal llamada "caja tonta" no existe. ¿Quiénes somos nosotros/as? Las personas "corrientes", ¿existimos o somos simples fantasías? Me cuestiono si alguno de los integrantes del Club de los escritores desconocidos vincula palabras con la misma genialidad que Vargas Llosa. Me intriga saber si alguno de los/las cineastas cuyas obras quedan alejadas de la distribución y la exhibición oficiales consigue que el/la espectador/a se transporte a otra civilización, tal y como lo ha hecho Amenábar. Quizá deban/debamos despertar e intentar buscar una oportunidad que acerque a la popularidad, entendida como fenómeno por el que los/las otros/as reconocen el trabajo ajeno. Pero, ¿cómo se logra ese objetivo sin caer en las redes de la fama? Ésta segunda atrapa. Engaña. Reluce mucho por fuera, aunque te acercas y descubres que bloquea el paso de la luz. ¿Será que a algunos les ciega?

3 comentarios:

Marcos Y. Jiménez Hidalgo 15 de enero de 2011, 12:13  

Buena entrada. La verdad es que nos queda un halo de esperanza, un nuevo sistema de comunicación como Internet que logra alejarse de lo que la televisión ofrece. Ahora esos pequeños músicos, cineastas y demás artistas pueden ofrecer su obra y, aunque costándole más esfuerzo que sin la ayuda preciada de los medios antiguos de comunicación, logran ser conocidos por una pequeña comunidad cada vez mayor que valora de mayor forma el esfuerzo y la entrega.

Un saludo.

José Cabello 15 de enero de 2011, 14:57  

Como bien me dijiste hace tiempo "Si a los que estamos bien preparados nos dieran una oportunidad...".
Nosotros estamos en otra dimensión a estos personajes, pero es esta mayoría aplastante la que demuestra que se puede vivir bien y -sobre todo- dignamente sin tener que ser aplaudido por todos, sin una legión de detractores detrás y sin tanto despilfarro. Suena a consuelo, pero es verdad.

Anónimo,  15 de enero de 2011, 15:35  

Muy buena la entrada.

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