viernes, 24 de diciembre de 2010

El teatro de la Navidad

En toda obra de teatro, hay una historia que contar. Ésta consta de una introducción (sorteo de la lotería), un núcleo (Nochebuena - Nochevieja) y un desenlace (Reyes Magos y cuesta de enero).

No hay nada más hipócrita en este mundo que la celebración de las fiestas navideñas. Yo, al menos, no conozco a nadie que viva estas fechas con ilusión, porque hasta los más creyentes cristianos deben estar muy tristes al ver la doble moral de su "jefe", que nada en la abundancia mientras en Haití se mueren de cólera, por poner un sólo ejemplo.

Si nos fijamos en nuestra clase política, más de lo mismo. Critica a wikileaks por ser uno de los medios que vehicula la libertad de expresión y la ley Sinde se queda aparcada mientras permite que se cierre la cadena CNN. Todo esto, sin olvidar el doble juego de palabras en la venta de armas o en la ley antitabaco.

La clase financiera, ya ni os cuento. Nos dicta las tareas que tenemos que hacer para salvar una economía maltrecha, mientras que sus integrantes viven con unos sueldos que da hasta pavor desvelar. Creo que a estas personas no le han preguntado por la nueva edad de jubilación. No les importa si es a los 65 o a los 67. Total, saben que cuando lo hagan, van a tener una pensión vitalicia de miles de millones.

Si, con todos ellos, representáramos un belén, tendríamos problemas para asignar personajes. Ahora, eso sí, tendríamos overbooking para representar a los animales del pesebre.

Me pregunto, por qué si no quiero, la dinámica del sistema me lleva a verme involucrada en una celebración que no siento como mía. ¿No estamos en un país aconfesional?

Estoy cansada de:
1. Tener que estar contenta por "huevos" [este montaje está organizado por tíos].
2. Ver el champagne que tiran los que son premiados el 22 de diciembre.
3. Cocinar todos los días del año y hoy aún más.
4. Recibir invitaciones a comidas familiares, a las que no quiero asistir.
5. Ver el derroche en los regalos de reyes.
6. Ver en la tele galas de ayuda a los necesitados. ¿Y el resto del año?

Si tenéis algo que añadir a esta lista, espero que os sumes a ella.

1 comentarios:

Jose Rodríguez 27 de diciembre de 2010, 16:48  

Realmente, estoy de acuerdo con lo que dices, aunque he de confesar que me gusta la Navidad -las sorpresas, los regalos y las reuniones familiares-. Sin embargo, debo discrepar contigo en algo: una cosa es la aconfesionalidad del Estado, y otra la tradición cultural. Tanto es así que el supuesto nacimiento de Cristo se celebra el 25 de diciembre, pese a que ése era el día en que los romanos rememoraban el ascenso del dios Sol.
En cuanto a la hipocresía, bueno, se supone que deberíamos recordar a los muertos siempre, no el día de difuntos; querer a nuestras parejas siempre, no en San Valentín; y querer a la madre siempre, no el día de la madre.

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