miércoles, 8 de septiembre de 2010

Intolerancia contra intolerancia

Puede que aún no hayan oído la noticia. Un pastor protestante de Florida, el reverendo Terry Jones, ha anunciado que él, sus feligreses y todos los agregados que lo deseen van a quemar copias de El Corán en el aniversario del 11-S. Esta muestra de intolerancia extrema no es nueva; la red esta plagada de manifestaciones de este tipo, a menudo sazonadas con discursos xenófobos, cuando no racistas.
Sin embargo, tales episodios no se suceden únicamente en los alocados Estados Unidos. Hace poco en Alemania, el banquero Thilo Sarrazin publicó un libro en el que arremetía contra los inmigrantes, especialmente contra los musulmanes, aunque tampoco dejaba atrás a los judíos. Memorable fue la decisión en Suiza contra los minaretes. Tampoco en España estamos lejos de semejantes movimientos.
Lo peor de todo es que quienes se atreven a arrojar la primera piedra son aquellos que pertenecen a la misma corriente intransigente. Ello queda patente en el caso de Jones, quien en su blog personal llega a afirmar que Obama está “rayando en el mal” por permitir el aborto o el matrimonio gay.
En definitiva, la intolerancia contra la intolerancia. Sí, me preocupa que en Irán exista un régimen que condene a una mujer no sólo a muerte, sino a morir lapidada; considero abominablemente orwelliana la escena de decenas de niños memorizando versos coránicos, que toman a pies juntillas sin profundizar en su aspecto simbólico; el burka, la inmolación, la poliginia, son espantosos. Con todo, considerar una filosofía de vida –lo que es en realidad cualquier religión- practicada por millones de personas como el “diablo”, -así se llama el libro del pastor Jones-, sólo porque así lo han decretado los poderosos, me parece terriblemente estúpido. Es más, y esto es algo que ya expuse en este sitio, es un acto de mediocridad absoluta: se señala lo opuesto, lo que no es mío, como lo más detestable, sólo para sentir que mí opción es la buena. Nada de dialogar, de usar la razón; en definitiva, de ser humanos.
Subrayado lo que considero el auténtico pecado, una interrogación ¿Cuál es el grado de responsabilidad de los medios de comunicación, que se callan lo que les interesa; las autoridades, que legitiman la figura de otros dictadores –los jeques árabes, a los que ponemos calles en Marbella-; y de la industria cultural, que atesta las parrillas de los diversos canales con nuevos seriales de acción cuyos villanos son siempre lunáticos gritones cubiertos con turbantes?

2 comentarios:

Anónimo,  12 de septiembre de 2010, 21:33  

¿Por qué esa doble moralidad? ¿Por qué? ¿Por qué criticar lo ajeno sin previamente enjuiciar lo nuestro? Qué fácil es vivir así, en el país de la ilusión, donde sólo se ve lo que uno quiere ver.

Anónimo,  12 de septiembre de 2010, 21:39  

¿En qué se diferencian visualmente una monja de una mujer con hiyab? ¿Son criticadas ambas vestimentas con la misma dureza en nuestro país?

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