miércoles, 1 de septiembre de 2010

Córdoba, ejemplo de integración

“Cruz Roja nos ha facilitado comida, acceso al médico y que mi hijo pequeño pueda ir al colegio”. Estas palabras corresponden a Cristina Grancsa, una inmigrante de etnia gitana que hace cuatro años decidió abandonar Rumanía junto a su marido para lograr “otra vida”. Recaló en Córdoba, donde, tras siete meses en un albergue, tuvo acceso durante un año a una vivienda gracias al programa “Pisos Puente”, que mantiene la Fundación Secretariado Gitano con el Ayuntamiento. Fue entonces cuando Cristina, de 38 años, pudo reencontrarse con sus tres hijos -de 19, 18 y 7- en España y sus condiciones de vida comenzaron a mejorar. “Ahora somos siete y vivimos todos en un piso del que tenemos que pagar 450 euros de alquiler, más la luz y el agua”, aclara Cristina Pamela, hija mediana de Cristina y madre de un pequeño de tan sólo siete meses. Los gastos los cubren con el sueldo de los varones de la familia. Ella cree que todo es cuestión de esfuerzo y actitud, por ello, se muestra contundente a la hora de criticar a las mujeres del Este de Europa que mendigan junto a menores por las callejas de la ciudad. Además, considera que esta imagen fortalece el estereotipo negativo que pesa sobre la población romaní. “Por su culpa no tenemos trabajo, mucha gente escucha que eres rumana y ya te pone mala cara; aunque hay de todo”, afirma.

A pesar de ello, la situación de Cristina y de los suyos es privilegiada. Sin ser consciente, esta familia es el reflejo del arduo trabajo que desde hace años realizan en Córdoba los distintos agentes sociales. “Realizamos salidas semanales a los asentamientos, en las que, además de información, les proporcionamos toldos, kits de higiene, mantas de abrigo o sacos de dormir”, aclara Gema Rodríguez, técnica del programa de inmigrantes de Cruz Roja. La intervención de esta institución humanitaria se centra en la provincia, donde la presencia de inmigrantes es de carácter temporal y está vinculada al inicio de las campañas agrícolas. En cambio, la actuación de la Unidad de Intervención de Calle, dependiente del consistorio municipal, se lleva a cabo en la capital. Desde 2005, una educadora social, una trabajadora social, dos monitoras y un traductor intérprete ofrecen atención temporal de emergencia a quienes se encuentren en riesgo de exclusión social.

Para poder llegar a todas las mujeres rumanas gitanas disponen de un teléfono al que la ciudadanía puede llamar para comunicar las prácticas en las que detecten mendicidad infantil. Surgida en 2006, esta iniciativa fue muy criticada desde diversas ONGs de la ciudad, pues consideraban que se estaba “invitando a la gente a denunciar lo que le molesta”. Carmen León, coordinadora del programa, asegura que para ellos es fundamental esta vía para localizar a las usuarias. Después, toca estar continuamente educando: “el niño tiene que tener los zapatos puestos, el carrito tiene que estar más limpio...” Sucede lo mismo en la Escuela Municipal Infantil, donde las familias sin hogar pueden dejar por unas horas a los menores de 0 a 6 años. “Aquí les duchamos, vemos si los niños necesitan asistencia, les damos de comer, jugamos para trabajar la psicomotricidad...”, aclara León.

Rebosante de fotografías, dibujos y cartulinas de colores, el centro ha asistido a 116 niños desde noviembre de 2005 hasta el 1 de enero de 2010. En este mes de agosto son 12 los menores inscritos y siete los que utilizan con asiduidad este servicio puente previo a la integración en los recursos educativos normalizados. Además, 80 madres asisten a los talleres en el Servicio de Estancia Diurna, en los que se las forma para que adquieran ritmos y rutinas.

“Los hombres suelen dedicarse a recoger chatarra pero realmente son las mujeres las que tiran del carro, ya que son ellas quienes se ponen en contacto con nosotros o acuden al médico”, esgrime Francisco Jarabo, traductor intérprete de la Unidad. Jarabo no ha percibido un descenso en la llegada a Córdoba de rumanos de etnia gitana ahora que corren tiempos de crisis, aunque para él es evidente el deterioro de quienes viven en la ciudad. “Si nosotros nos empobrecemos, se empobrecen ellos también”, sentencia. León incide en el aspecto sanitario: “Quisieran ducharse, pero su higiene es consecuencia de las circunstancias que tienen”.

Su visión de la inmigración y, en especial, de las inmigrantes, parece contraponerse a la de Blanca Córdoba, concejala del PP en Córdoba que la semana pasada alertó del “riesgo para la salud, especialmente de los niños, que pueden propiciar familias enteras de rumanos de etnia gitana” que acampan en los jardines de Poniente y utilizan las fuentes públicas “como lavaderos”, según informa Europa Press.

Para Ana Moreno, delegada municipal de Bienestar Social, “éste no es un problema de estética, es un problema de personas que tenemos que tratar desde la normalidad, pero teniendo en cuenta el carácter especial de esta población”. Moreno recuerda que el I Plan Municipal de Inmigración 2006-2010 es pionero en España, “por la manera de entender el trabajo con las personas en situación crítica”. Mohammed Dahiri, coordinador general del Área de Bienestar Social, destaca que “ahora estamos obteniendo el resultado de cinco años” de intensa dedicación. Además de una normalización social del inmigrante, el reconocimiento a toda esta labor llegó en 2009 a través de la Agencia de Derechos Fundamentales de la UE (FRA), que valoró esta iniciativa, junto a otras tres más de España, como positiva para la situación de la población romá/gitana en Europa.

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