martes, 1 de junio de 2010

Demonios y ángeles


Encumbrar a cualquier ser humano es un ejercicio de ingenuidad extrema. La apoteosis de cualquier figura pública, más aún si vive, suele conducirnos a una ceguera absurda en la que disculpamos sus más viles faltas por aferrarnos a la creencia de su perfección.

En contrapunto, la demonización es un acto de mediocridad. Señalar al otro como malvado nos hace sentir mejores, lustrando nuestro honor pese a las malas acciones cometidas. En España lo sabemos bien: podemos encontrar centenares de voluntarios que deseen integrar pelotones para fusilar etarras; mientras, se cuentan con los dedos de una mano aquellos dispuestos a erradicar el conflicto. No se llamen a engaños, en absoluto hago apología del terrorismo abertzale; todos los miembros y simpatizantes de ETA con delitos en su haber deben ir a la cárcel. Me refiero al profundo odio hacia el contrincante político, el representante –dentro de la legalidad democrática- de todo lo que aborrecemos.

Toda esta reflexión viene a cuento de los últimos sucesos acontecidos en el ya sempiterno Conflicto palestino-israelí. 9 personas muertas… Volveré a ello más adelante. Ahora me centraré en las reacciones.

La izquierda internacional y los movimientos islamistas –dos corrientes en principio contrarias, pero que encuentran aquí su punto en común-, defienden a los integrantes de la Flota de la Paz. Tachan a Israel de fascista y genocida. Ciertamente, pese a configurarse como democracia, se halla claramente militarizada –las relaciones con los vecinos no fueron precisamente venturosas-, y su espectro político tiende cada vez más a enquistarse en el conservadurismo. Recordad que en las últimas elecciones los partidos mayoritarios fueron el de centro derecha (Kadima), el de derecha (Likud), y el de ultraderecha (Israel Beitenu). El líder de éste último, Avigdor Lieberman, es el actual ministro de Exteriores, aunque pasará a la posteridad por afirmar que contra Gaza “habría que lanzar la bomba nuclear”.

Tales posiciones quizás pequen de cándidas en la opinión de que la Autoridad Palestina no tienen parte de culpa en su situación, o que las organizaciones árabes no ataquen a los israelíes.

La derecha internacional y el lobby judío –pensamientos que fueron enemigos antaño (por ejemplo, Franco denominaba a la Plata-junta como el “contubernio judeo-masónico”), hoy caminan bien cogidos de la mano- tildan a los tripulantes de extrema izquierda y pro-islámicos. Parece ser –pues hasta ahora no sabía nada de ellos- que la ONG principal en la embarcación, la turca İnsani Yardım Vakfı, es confesional, algo así como una Cáritas a la musulmana, y se le acusa de ser simpatizante de Hamás. Además, se señala que la Flotilla ya estaba avisada de las consecuencias que acarrearía romper el bloqueo de la franja.




Aquí me detengo, sobre todo en lo comentado por la periodista Jana Beris. Hace poco esta comentarista internacional defendía que la supervivencia del Estado judío de Israel pasaba por la creación del Estado independiente de Palestina. Peliagudo. Difícilmente los parches que componen los territorios palestinos pueden componer un país cohesionado. En lo referente a la Flotilla, Beris ha publicado otro documento, éste mucho más agresivo, en el que justificaba la intervención armada. La misma línea de la GEES, think-tank española de clara tendencia conservadora.

Al más estilo no violencia, la Flotilla pretendía zaherir a Israel, provocar una reacción que, como se ha visto, ha resultado funesta. Los hebreos han fabricado mártires. Y es verdad, nadie les puso una pistola en la sien, sólo les obligaba el convencimiento de estar haciendo lo correcto. Sus inclinaciones políticas son discutibles, si bien en democracia existe un viejo proverbio que más o menos dice “no estoy en absoluto de acuerdo con lo que dices, pero siempre defenderé el derecho que tienes a decirlo”.

Lo más probable es que el Conflicto palestino-israelí no termine aquí; de hecho seguramente se hundirá todavía más en esa espiral de fanatismo, violencia y muerte en la que lleva empantanado más de 60 años. Ahora, sin embargo, me concentro en las 9 personas que han muerto.

No sabía que esas 9 personas existían hasta que han dejado de hacerlo y, no obstante, ello me ha conducido a meditar sobre el asunto. Nos hemos acostumbrado demasiado a exorbitantes cifras que enumeran cadáveres; con qué facilidad nos erigimos jueces y verdugos de nuestros prójimos. Todo lo que esa gente era ha desaparecido: ya no podrán hacer el amor, ni ver un amanecer, reconciliarse con alguien, salir con sus amigos, cotillear, responder por sus faltas o abrazar a sus seres queridos. Jamás volverán a experimentar ilusión, miedo, enfado o esperanza.

Sólo vacío.

No sé si los 9 muertos eran santos o pecadores, únicamente reconozco el derecho a la dignidad y el respeto que merece la vida de todo ser humano. Un derecho fundamental que ha sido violado –y sigue violándose por doquier- por algo tan abyecto como la política.

3 comentarios:

MerDomSal 2 de junio de 2010, 0:13  

No olvidéis que Avigdor Lieberman comenzó su carrera política en el Kach, un partido ilegalizado en 1988 por sus posturas manifiestamente racistas y anti-árabes, que figura en la lista de organizaciones terroristas del gobierno de los Estados Unidos, la Unión Europea y Canadá.

Jose Rodríguez 2 de junio de 2010, 16:32  

Este individuo es claramente "demonizable", si existe este término. Sin embargo, lo que intento entender es cómo se fabrican este tipo de monstruos, y por qué seguimos cayendo en simplicarlo a buenos y malos. El derecho a la vida, que debería ser impagable, se vende demasiado barato.

POTI 4 de junio de 2010, 11:06  

Tambien me gustaria recalcar que el expresidente Aznar forma parte de la GEES.
Un excelente post, mi enhorabuena al autor.

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