miércoles, 19 de mayo de 2010

Una Guerra 'secundaria'

La Segunda Guerra del Congo ocurrida entre 1998 y 2003 es comparada con la II Guerra Mundial en número de muertos. Sin embargo, no se vio apenas reflejada en los medios de comunicación de la época, pese a presentar intereses secundarios ocultos.


Miles de hombres, mujeres y niños africanos con sus enseres a cuestas en una larga carretera sin coches, ni casas, ni aceras. Imágenes que saturaban los telediarios de finales de los 90. “Para los que éramos niños en aquella época servía la frase de, es África, son pobres y tienen problemas entre ellos, para entender esa situación”, dice Miguel López , voluntario que colaboró con una ONG african con proyectos en la RD Congo. “A mí me parecía algo confuso y remoto que homogeneizaba el continente sin distinguir los países de procedencia de esas personas y lo convertía en el continente de las guerras eternas”, puntualiza.


Algo así de lejano como los refugiados hutus y tutsis ruandeses huyendo de su país tras el genocidio de 1994 y afincándose en la región oriental del Congo, fue uno de los detonantes de la primera y de la segunda guerra del Congo, según expertos como Mbuyi Kabunda. Esta segunda guerra, iniciada el 2 de agosto de 1998 acabó por convertirse en la “Gran Guerra africana”, según definió Madeleine Albright, la secretaria de Estado americana en la época. El punto de partida fue un golpe de estado llevado a cabo por los entonces llamados ‘rebeldes’ banyamulengues (tutsis congoleños), contra el presidente de la R D Congo, Laurent Desiré- Kabila, con el apoyo de Ruanda, entre otros.


El juego de alianzas regionales visible englobaba por un lado a Angola, Namibia, Zimbabwe, Chad y Sudán, en el bando de los aliados de Kabila, según la ONU. Enfrentado a ellos, Burundi se unió a Ruanda y a Uganda en el apoyo de lo que se denominó en un primer momento la “revuelta rebelde banyamulengue” en los medios españoles. El conflicto fue comparado con la II Guerra Mundial en número de víctimas, más de 3 millones de 1998 a 2003 según ONG´s como Human Rights Watch.


Las acusaciones de los bandos enfrentados eran múltiples: Laurent Kabila, según sus antiguos aliados Ruanda y Uganda, no fue capaz de cumplir sus promesas y fue acusado de corrupto por los banyamulengues. “Mientras, el gobierno de la RDC denunció la ayuda ofrecida a los rebeldes por el presidente ruandés, Paul Kagame (aliado de Estados Unidos en la región), quien lo negaba continuamente”, según nos cuenta Ramón Arozarena, de la organización navarra Nakupenda Africa.


Pero esta guerra como tantas otras ha sido olvidada. Y no solo ahora sino que en el momento en que se produjo fue “en parte silenciada por los medios de comunicación occidentales, o en el mejor de los casos, descontextualizada, para que reflejase sólo un confuso conflicto civil étnico intercongoleño”, según José Lucas, miembro del Comité de solidaridad con el África Negra, Umoya.



El genocidio del que nadie habla


Pero la escasa cobertura mediática de la segunda guerra del Congo pudo deberse a más factores. ‘El genocidio del que nadie habla: República Democrática del Congo’, un libro audio editado por Umoya, esclarece algunas de las otras verdades sobre el conflicto armado. Este libro apunta a que lo que se vendió a Occidente fue un intento de encubrimiento del papel jugado por el país vecino, Ruanda, y su presidente, Paul Kagame, considerado el protector de los intereses de las grandes potencias occidentales en África central y de sus propios deseos expansionistas y negocios a través de la frontera con la República Democrática del Congo.


Además, conscientes de la importancia geoestratégica en el corazón de África y su riqueza en minerales como los diamantes o el coltán, “los EE.UU buscaron aliados en los países fronterizos”. Umoya también apunta que el inicio de la segunda guerra del Congo pudo deberse a que “tras el apoyo de EEUU a L. D. Kabila para que tomara el poder en Zaire en 1996 en detrimento del dictador Mobutu, Kabila dejó de mostrarse tan pro-norteamericano y los que habían sido sus aliados pasaron a ser sus enemigos”. Es entonces cuando empiezan a salir inmensas cantidades de minerales ilegalmente a través de los países invasores. “Los grandes beneficiados fueron las redes de corrupción locales (incluidos altos cargos de gobiernos y ejércitos), las redes de corrupción internacionales y un amplio grupo de multinacionales”, dice el libro.


“Yo pienso que la implicación de Norteamérica y otras naciones es muy clara. Una invasión se hace con dinero y Ruanda no tenía nada. Además, posteriormente, países como Gran Bretaña, EEUU o Bélgica han seguido dando préstamos a Ruanda. La manipulación de los tribunales de justicia internacionales para que no enjuiciasen a Ruanda por saqueo o crímenes contra la humanidad es otra prueba de que la Ruanda de Paul Kagame tenía y tiene poderosos padrinos detrás”, declara José Lucas a este periódico.


En este mismo sentido la periodista Charo Ruíz, publica en el artículo ‘Ruanda: de víctima a opresor’ que la implicación de Ruanda se inicia tras el genocidio. “La invasión ruandesa del Congo oriental, concretamente de la zona minera más rica del país, Kivu, comenzó en 1996, con la primera guerra del Congo bajo la excusa de eliminar a los ‘hutus ruandeses genocidas’ huidos e instalados en la frontera del Congo”.


Como declara una fuente ruandesa de los servicios de información en un texto de Ramón Arozarena, “Los americanos nos han pedido que echemos a Kabila; no les conviene”. Bélgica ya tenía un candidato para ocupar el lugar de Kabila antes de la guerra: el profesor Wamba di Wamba. Lo mismo que Francia, cuyo candidato era Z’Ahidi N’Goma., explica Arozarena. Nombres que aparecen curiosamente en informaciones de los medios occidentales como la publicada el 16 de agosto de 1998 en El Mundo reflejando, de hecho, a estos personajes como principales opositores a Kabila.



La cara humana


Es necesario detenerse en un plano independiente a las relaciones internacionales. “Para los más de 20 millones de personas que vivían en las cinco provincias de la región oriental de la República Democrática del Congo, el número de defunciones directamente atribuibles a la ocupación de Ruanda y Uganda puede estimarse entre 3 y 3,5 millones de personas, según publicaba la ONU en su informe S/2002/1146. Sin embargo esta cifra, no tiene en cuenta a la población desplazada, las víctimas de la hambruna generalizada o de los abusos por parte de las autoridades congoleñas, de las fuerzas extranjeras de ocupación y de las varias milicias en conflicto.



Pero los países vecinos de la región no están solos. Como denunciaba Cynthia Mckinney, congresista demócrata norteamericana, miembro del Comité de Seguridad que visitó en 1999 la R D Congo en una carta dirigida a Bill Clinton " las atrocidades que padece diariamente toda la gente de esa región es consecuencia de su mala política en la zona." Fue una guerra además en la que “la mayoría de los combatientes eran irregulares y el 90% de las víctimas, civiles desarmados”, recogen los estudios de Human Rights Watch.

2 comentarios:

Jose Rodríguez 19 de mayo de 2010, 17:12  

Y creo que permanecerá mucho tiempo "olvidada", tanto por los intereses como por las ideas de un montón de gente, que consideran inferiores y salvajes a los negros. En fin, nos gusta hacernos los sordos.

KaiDohMaru 19 de mayo de 2010, 18:41  

Pos no se ha dado cuenta nadie todavía que África no es noticia??? Triste pero cierto.

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