martes, 11 de mayo de 2010

¡Malditos chinos!

El pasado domingo 9 de mayo el suplemento dominical de El País incluía un reportaje titulado Los nuevos amos de África. El texto recorre el continente negro y desvela –al menos a mí, que no estaba muy enterado- de algo asombroso para el etnocéntrico pensamiento europeo-occidental: ¡los chinos están colonizando África!
Básicamente, la república “popular” ha desarrollado en los últimos treinta años un intercambio de construcción de infraestructuras a cambio de control en las parcelas económicas. Países como Suazilandia, Zambia, Mozambique, Sudán o Tanzania están viéndose cada vez más dominados por el gigante asiático.
Los chinos aseguran –como un muchacho frente al padre de su novia- que sus intenciones son del todo respetables. Tanto es así que en 2000 crearon el FOCAC (Foro China-África). Europa, por su parte –como el padre que piensa en su hija vestida de primera comunión mientras la ve ir con el punki ese-, suspira por tiempos mejores, en la que era la dueña indiscutible del continente.
Personalmente, el reportaje firmado por Francesc Relea me gustó mucho. Es muy completo. Sin embargo, no dejo de percibir un tonillo de recriminación, un “¡Ay! Si es que con nosotros (los blancos) os iba mejor”. Da la sensación de que las acciones de China, que en suma no difieren de las llevadas hasta el momento por Francia, Gran Bretaña o España, son más viles por ser llevadas por aquellos.
Lo cierto es que nos dan miedo los chinos. Un vasto territorio en alza, con una población entre el 17% y el 18% del total mundial y, lo peor, un régimen dictatorial que se engalana de progreso mientras expulsa a gente de sus hogares para construir aquella monstruosidad conocida como el Nido.
En los últimos tiempos no es extraño conocer a alguien que, al menos, se está pensando aprender mandarín; tampoco nos resulta raro saber de empresas de exportación cuyos productos son destinados a Extremo Oriente. Y algo todavía más indudable: de los míticos todo a cien actualmente quedan pocos. La psique del vulgo se horroriza y, sazonada por los medios de comunicación –muy dispuestos ellos a recalentar mentes febriles-, empieza a concebir holocaustos nucleares e invasiones de hordas de ojos sesgados que caminan a paso de ganso.
En conclusión, la cuestión del avance chino en África muestra dos realidades:
  1. Que Pekín ya no se esconde; sus emisarios se pasean tranquilamente por fuera del Lejano Oriente.
  2. Que nadie cuenta con la población africana, a la que le queda el muy honroso papel de ser la cabra de la Legión una vez más.

4 comentarios:

KaiDohMaru 11 de mayo de 2010, 19:38  

Te cagas. La invasión asiática es inminente y nosotros que sólo veíamos los todo a 100 transformados en todo a 0'60.

Pos nada ahora los rollitos de primavera seremos nosotros.

Jose Rodríguez 11 de mayo de 2010, 20:16  

Precisamente esa reacción es la que he querido expresar. Pero ¿es más terrible la expansión china que la rusa o la india? La ya reincidente dicotomía de apocalípticos vs. integrados.

Anónimo,  11 de mayo de 2010, 23:06  

Esta realidad no me sorprende. Parece que los caciques africanos han tomado nota del señor Lula, quien lleva dos años levantando la infraestructura y la energía de Brasil gracias a esta especie de trueque con los chinos

MerDomSal 12 de mayo de 2010, 2:08  

Hace unos años recorrí Italia mediante interrail y una de las imágenes que más se fijó en mi mente fue la de una especie de centro comercial -un comercio chino de unas cinco plantas- donde se podía encontrar desde ropa para toda la familia hasta gigantescos muebles de madera para el salón. Hoy sigo sin salir de mi asombro, sobre todo, cuando acudo con cara de boba al "Corte Chino" -versión de plástico de "El Corte Inglés"- que hay cerca de mi casa. Personalmente, considero que la alegría que nos supone ahorrar unos céntimos en una "tienda de chinos" nos impide ver el coste real de esta situación.

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