lunes, 19 de abril de 2010

Pecados evangélicos

Entre la batería de películas que llovieron durante la Semana Santa, a los programadores de TVE les dio por incluir Las sandalias del pescador, aunque personalmente no le encontré mucho sentido. Va de curas, eso sí; sin embargo su argumento es más bien político: el protagonista es el ficticio obispo ruso Kiril Lakota (Anthony Quinn), hombre espiritual, tolerante e inteligente, capaz de cometer delitos por su congregación, tratar con marxistas, rezar según el rito hebreo por un judío moribundo o abogar por lecturas políticamente incorrectas desde la rancia perspectiva católica. El nudo del filme se inicia cuando de buenas a primeras este Gandhi a la europea pasa de un gulag en Siberia a ceñirse la tiara pontificia, deslumbrando por su humildad y sus decisiones utópicas. Un Papa como debieran ser todos los papas.

Peli muy recomendable.

Algo más actual son los últimos escándalos sexuales de la Iglesia Católica, así como del incomprensible inmovilismo vaticano. No obstante, nada es nuevo; las historias de sacerdotes homosexuales y pervertidos se repiten cada tanto. Volviendo al cine como muestra, hallamos pruebas constantes: desde El nombre de la rosa hasta La duda. Por ende, considerar que la estructura eclesiástica o la religión son malas por que se den tales delitos –obviando las desvergonzadas declaraciones de sus altos cargos- no me parece una crítica eficaz ni constructiva. El sacerdocio está constituido por hombres y no por ángeles; si queréis conocer la naturaleza humana, poned el telediario.

Ahora bien, menos frecuentados por el celuloide, pero igual de escabrosos, pueden ser los casos conectados con las fuentes financieras de dicha institución y su rentabilidad. Quizás uno de los más conocidos sea el de Sindona y Marcinkus –llamado el “banquero de Dios”-, cuando la Banca Vaticana se relacionó con Cosa Nostra. El asunto estaba pintado para el tabloide.

Hoy en día se espera que el origen de las divisas eclesiásticas sea más lícito, aunque en cuestiones bancarias se dude de la moralidad a la hora de gestionarlas.

De cualquier forma -y creo que con Las sandalias del pescador sí queda evidenciado-, la patata caliente dista de escándalos sexuales o financieros, sino que se halla en el anacronismo de la entidad. No se puede olvidar que se originó como una estructura que mantuviese el poder en manos de la clase senatorial romana. De hecho, el púrpura cardenalicio era el color de Zeus y, por tanto, del Colegio Pontificio, cuyo líder era el Sumo Pontífice. Es decir, cerca de 30 siglos de historia.

La Iglesia, como órgano de poder, ante todo busca conservar su autoridad; como cualquier conservador sabe, si algo tan viejo se mueve, puede caerse.

1 comentarios:

POTI 27 de abril de 2010, 0:02  

Me gustaria criticar algo al hilo de esta entrada:
España es un estado "aconfesional".

“Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”. Esto es lo que dice el artículo 16, párrafo 3º, de la Constitución Española.

Además, en España existe un CONCORDATO en el cual se firman diferentes acuerdos entre el Estado español y la Santa Sede y uno de estos acuerdos es sobre Enseñanza y Asuntos Culturales de 3 de enero de 1979. Un de los aspectos que aparecen en dicho concordato es que la Iglesia debe coordinar su misión educativa con los principios de libertad civil en materia religiosa y con los derechos de las familias y de todos los alumnos y Maestros, evitando cualquier discriminación o situación privilegiada.
¿Pero, cundo pasaremos a ser un país laico y desvincular de una vez por todas Estado y religión?
Ese día seremos un poco mas libres.

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