miércoles, 31 de marzo de 2010

La violencia invisible

A colación del último post, me gustaría hablaros de la violencia psicológica que, según especialistas consultados, "se produce de manera sutil y se prolonga en el tiempo". Cuanto mayor tiempo persista, mayor será el daño producido en la víctima.

Pueden diferenciarse cuatro fases distintas en el proceso, a pesar de las múltiples formas en la que éste puede desarrollarse:
1. la seducción o la influencia.

2. el apilamiento, quién corresponde a la repetición de pequeños actos de agresión, al parecer anodinos tomados separadamente pero que se destinan a la desestabilización de la víctima.

3. las falsas promesas.

4. la destrucción, que se acentúa a medida de la relación, para llegar a alcanzar un paroxismo dada la reacción de la víctima, es decir, a una exaltación extrema de los sentimientos y pasiones. En general, podemos agrupar los distintos casos en las siguientes categorías:


- El maltrato psicológico. Consta de dos fases: la falta de atención a la víctima cuando ésta depende del agresor y un trato degradante continuado que afecta a la dignidad de la persona. Ésta es la forma más conocida de violencia.

- El acoso psicológico. Es una forma de violencia que pretende el derrumbamiento moral de la víctima, a través de críticas y acciones que pongan cerco a la actividad de esa persona, que se siente culpable de la situación. El agresor no permite que su pareja se desarrolle profesionalmente, porque eso conllevaría el hecho de hacerle sentir inferior y que ésta no compliese sus continuas demandas de afecto. Por lo tanto, la insatisfacción y la frustración lleva a ambos a continuar en un círculo vicioso que se torna cada vez más agresivo y la agresión es cada vez más frecuente. En muchas ocasiones, la víctima apenas tiene consciencia de que lo es y ni siquiera es capaz de verbalizar lo que está sucediendo. Solamente percibe una sensación desagradable, insuficiente para ella como para calificar el caso de acoso.

- La agresión insospechada. Es la que ejercen las personas sobreprotectoras con sus protegidos, disfrazándola de atención, de buenas intenciones y deseos. Ejemplos de esto se producen habitualmente entre ancianos y cuidadores -cuyas acciones de éstos últimos impiden que los primeros se desarrollen con seres autónomos- o entre padres e hijos -cuando los últimos impiden la libertad de los primeros con sus continuas demandas-.

¿Cuándo eres víctima?

- Si das vueltas a situaciones incomprensibles que te producen padecimiento o malestar, intentando averiguar el porqué, no tengas duda de que eres una víctima de la violencia psicológica.

- Si sufres en silencio una situación dolorosa y esperas que las cosas se solucionen por sí mismas, que tu verdugo o verdugos depongan espontáneamente su actitud, que alguien acuda en tu ayuda porque se dé cuenta de tu situación, no te quepa ninguna duda de que eres una víctima de la violencia psicológica.

- Si te sorprendes a ti mismo haciendo algo que no quieres hacer o que va contra tus principios o que te repugna, considera que eres víctima de manipulación mental, que es una forma de violencia psicológica.

- Si te sorprendes haciendo algo que no quieres y te sientes incapaz de negarte a hacerlo, intelectualizando y justificando de mil maneras tu sometimiento, no lo dudes, eres una víctima de la violencia psicológica.

- Si haces cosas que no quieres y no puedes evitar hacerlas porque entrarías en pánico, porque te aterra negarte o porque algo te conduce a hacerlo, sabe que eres una víctima de manipulación mental.

- Si has llegado a la conclusión de que la situación dolorosa que sufres no tiene solución porque te lo mereces, porque te lo has buscado, porque las cosas son así y no se pueden cambiar, porque no se puede hacer nada, porque es irremediable, no lo dudes ni un solo instante, eres una víctima de la violencia psicológica.

- Y si te sientes mal frente a una persona, si te produce malestar, inseguridad, miedo, emociones intensas injustificadas, un apego o un afecto que no tiene justificación, una ternura que se contradice con la realidad de esa persona, si te sientes poca cosa, inútil, indefenso o tonto delante de esa persona, ya has identificado a tu agresor.

Ahora que lo sabes, el siguiente paso es pedir ayuda profesional.

1 comentarios:

Anónimo,  2 de abril de 2010, 21:31  

cualquiera que tenga serias sospechas de que una persona está sufriendoéste tipo de violencia, debe hacerle ver a la parte que la esta sufriendo,la importancia que tienen estos actos que anulan cualquier personalidad.
Adelante sabes que eres persona por encima de todo y nadie tiene porquçe anularte.

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