jueves, 18 de febrero de 2010

Fracaso escolar = Falta de creatividad del profesorado

Estamos asistiendo cada vez más a una pérdida de valores en la sociedad, que se fragua desde la escuela.

En los centros escolares españoles trabajan una cantidad de profesionales que, bajo la presión del curriculum escolar, se está olvidando del curriculum oculto.

Ante la falta de competencia social y habilidades del alumnado, en algunos centros se responde con el Reglamento de Funcionamiento del Centro (en adelante ROF) y, por consiguiente, con los famosos partes, que se materializan en una expulsión que se prolonga de 1 día a 29 días, dependiendo de la gravedad de la conducta causante del parte.

Hay conductas que, al estar recogidas en dicho ROF como muy graves, son expulsión directa, otras, en cambio, sólo producen partes y, al ser reiterativas y acumularse, conducen también a la expulsión.

Cuando el centro escolar está situado en una zona de actuación preferente, adonde acude un alumnado con graves problemas socioeconómicos y culturales proveniente de familias multiproblemáticas y desestructuradas, su actitud en el IES se caracteriza por la sucesión de conductas disruptivas.

La solución a tantas dificultades de comportamiento dificilmente la encontraremos expulsando al alumno/a del centro, por las consecuencias que conlleva que este/a adolescente se desligue de los pocos hábitos y rutinas que consigue interiorizar mientras acude al instituto, añadido al desfase curricular que poco a poco va agravándose, con lo que, en su vuelta al aula, el/la alumno/a posee una actitud similar a la mantenida antes de la expulsión, ya que se aburre en clase al no poder seguir el ritmo normal del resto de sus compañeros/as.

Pregunto aunque pueda parecer una cuestión ingenua: ¿Existen otros modelos pedagógicos que poder aplicar?

Reflexiono si no sería más recomendable formar más intensamente al alumnado de 1º y 2º de la ESO, que corresponde en edad al antiguo 7º y 8º de EGB, en habilidades sociales y educación en valores, ya que son los años de la transición del colegio al instituto. En éste tránsito, el alumnado pasa de tener 2 o 3 maestros que lo tutoriza 18 horas a la semana a tener un profesor por cada asignatura y un sólo tutor que, con dificultad, hace tutorías individualizadas. Aquí entra en valor el sentimiento de protección que desarrollan los/las maestros/as hacia sus alumnos/as, lo que les lleva a tener una relación más intensa y a crear lazos muy fuertes que los establecidos por el profesorado, esto lleva a que, en tan sólo tres meses, desde junio -mes en que los/as niñas/os acaban de cursar sexto de primaria- a septiembre -cuando empiezan 1º de la ESO- el alumnado se vea sometido a una considerable desprotección. En el instituto, las herramientas que hayan interiorizado y que les permitan tener una actitud normalizada en clase, les posibilitarán adquirir con mayor facilidad los contenidos de las materias (aunque éstas sean las instrumentales: lengua, matemáticas e inglés) y que se formen como integrantes de una ciudadanía digna de la sociedad democrática en la que vivimos. Por lo tanto, resulta esencial que aprovechen el tiempo de la formación reglada para adquirir un mínimo de conocimientos básicos que les conduzca cuanto antes a la tan deseada empleabilidad o, mejor aún, a darse cuenta de la importancia de salir del IES titulados/as.

El profesorado en todo éste asunto -como en todas las profesiones - toma posturas divergentes, debido a que parte de éste lleva toda su vida dedicada a la labor docente y puede incurrir en el agotamiento y, por consiguiente, en el error de dejarse guiar por su dilatada experiencia, la cual le permite conocer de antemano de qué alumno/a va a conseguir la transformación deseada , para focalizar su atención sobre la minoría receptiva. En otro extremo, se halla el profesorado que, por ser personal interino, trabaja con la presión psicológica que produce la inestabilidad laboral, hecho que conlleva que su implicación y entrega, en algunos casos, deje mucho que desear.

Creo que ha llegado el momento de pensar en nuevas fórmulas para pantear la hora de clase, de tal manera, que sea posible captar la atención de los/as menores y conseguir que tengan una actitud positiva ante lo que se desarrolla en el aula.

¿Qué pasaría si impartiésemos la asignatura de historia a través de la música de cada época? conseguiríamos que estudiaran 2 materias a la vez

¿Y si para estudiar literatura escenificamos con roll-playing las obras completas -o parte de las ellas- de los autores más relevantes?

¿Y si en ciudadanía fuese posible salir a la calle con una silla de ruedas para así contabilizar las calles en las que existen barreras arquitectónicas para después pasar esos datos a porcentajes y así dar una introducción a la estadística?

En la actualidad, en las aulas se están dando dos velocidades:

1) El de un alumnado inmerso en la sociedad TIC, caracterizada por la inmediatez y la frialdad del ordenador.

2) El de un profesorado que aún mantiene el rol de las clases magistrales en un aprendizaje vicario.

En éste sentido, John Dewey (filósofo del s. XX, reformador de la educación, cuyo principal pensamiento es que democracia = libertad) y sus aportaciones metodológicas y pedagógicas siguen más vigentes y con más fuerza que nunca ya que el estadounidense pretendía formular sobre bases nuevas una propuesta metodológica que permitiese pasar de la escuela tradicional a otra en la que la educación se centrara en el/la niño/a y en su aprendizaje a través de la experiencia, de tal manera que se equiparase en la dinámica a adultos y niños, ya que ambos aprenden mediante su enfrentamiento con situaciones problemáticas que surgen en las actividades cotidianas.

6 comentarios:

POTI 19 de febrero de 2010, 23:20  

Espectacular opinión la tuya, desde tu punto de vista nos haces ver la que la educación podria ser mas interactiva, haciendo mas participe al alumnado. Completamente de acuerdo. Felicidades por tu entrada

Anónimo,  20 de febrero de 2010, 18:56  

Buf, muchas cosas que objetar. Por comentar algo, cambiaría el principio, "estamos asistiendo cada vez más a una pérdida de valores en la sociedad que se frauga desde la escuela", cambiaría escuela por familia. Esto daría mucho que hablar, horas y horas. También estoy de acuerdo en muchas cosas, la medida no es la expulsión pero en los centros, en la mayoría de los casos, no tenemos otras herramientas para hacer frente a aquellos alumnos que causan problemas, no somos psicólogos, trabajadores sociales ni educadores sociales, somos profesores y muchas veces se olvida esto. Yo puedo llegar y empatizar y comprender a los alumnos hasta un cierto punto pero deberían ser los profesionales de este campo los que se encarguen de que los alumnos con problemas de conductas. Dice el juez Calatayud que muchas veces se gestionan en los centros casos que deberían tratarse en los juzgados: amenazas, robos, peleas...
Bueno y así podría contarte miles de cosas más, en conclusión todo es dinero, hace falta invertir en profesionales para las aulas de convivencia.
Y nada más, ya hablaremos und día más tranquilamente sobre esto. Ah, tampoco estoy de acuerdo con el título, of course!!

Un besillo

lokaty 21 de febrero de 2010, 21:00  

Empiezo explicando que el título está buscado a posta para que nos sugiera discrepancia.
He de dar la razón a quien piensa que la educación empieza en la familia ya que es la primera unidad de socialización, pero en el entorno de zonas de actuación preferente no podemos decir que la educación empieza en la familia porque a la familia es a quien primero deberíamos educar, pero ese aspecto aún más se les escapa al profesorado.
Respecto a que el profesorado no es psicólogo, trabajador o educador social,quizás en ese aspecto es donde no está llegando a ser todo lo sensible que debiera para optimizar resultados y formar a personas,no pasa nada por ejercer en algunos momentos como tal ya que alguno de éstos profesionales actuan a veces como docentes y no pasa nada.

Irene 23 de febrero de 2010, 12:30  

No pasa nada por actuar como tales, por supuesto, es más, lo hacemos todos los días sin tener ni idea de cómo. No se trata de falta de interés, se trata de falta de conocimiento: resolución de conflictos, familias desestructuradas, violencia en las aulas, problemas psicológicos...nadie nos ha enseñado cómo ayudar o enfrentarnos a tales situaciones. Escuchamos a nuestros alumnos y alumnas, les damos consejos e intentemos que saquen lo mejor de ellos, independientemente de que aprendan inglés, matemáticas o lengua. No hables de falta de sensibilidad, quizás más de la cuenta para el poco reconocimiento y agradecimiento que recibimos por desempeñar tareas que no son de nuestra competencia. Y lo hacemos encantados, que es lo que más valoro de esta profesión.

POTI 25 de febrero de 2010, 12:34  

Opinio que seria maravilloso que la mayoria de profesores fueran vocacionales, y rectifico sobre mi comentario por si no queda claro que la gran falta de valores a la que estamos avocados es culpa en muy gran medida a la educacion familiar.

José Cabello 25 de febrero de 2010, 21:10  

Coincido con todos los comentarios (incluido el de la autora) en que el título es un poco exagerado, ya que la educación en la escuela es un pilar principal, pero no el único ni mucho menos.

Dejemos claro que una persona se forma principalmente mediante los estímulos que recibe de su sociedad, esto es: familia, pareja sentimental y amistades. El entorno laboral y educativo pasan, en la escala de valores de la persona, a un segundo plano. Son entornos que muchas veces no se pueden elegir y en el que aprendemos que no estamos rodeados de amigos, sino de compañeros. Si a partir de ahí podemos lograr alguna amistad, bienvenida sea. Es por ello por lo que, para un porcentaje importante de la sociedad, tanto el trabajo (si no se trabaja en lo que se quiere) como la educación es algo impuesto, no elegido.
El alumno no puede elegir si estudiar o no la educación secundaria al ser de carácter obligatorio.

Llegados a este punto, veo positiva la propuesta de la escritora de hacer más interactiva la enseñanza, pero sin desviarse del currículo establecido para que una persona pueda ser instruida en la cultura general que se requiere a la hora de poseer un título que muchos infravaloran como es la ESO. Veo demasiado complejos los conocimientos a impartir como para desarrollar la asignatura de historia a través de las canciones de la época o la literatura a base de rol playing, aunque no es imposible. Me resulta de ciencia ficción la idea de la silla de ruedas en la asignatura de ciudadanía.
No debemos olvidar que ya hay asignaturas destinadas a hacer crecer al alumno en valores sociales, tales como Educación para la ciudadanía o Ética (no cometamos el fatal error de incluir aquí la asignatura de Religión, que no ayuda en ningún momento a pensar por uno mismo). Es verdad que en ciertos profesores falta comprensión hacia el alumno, no son máquinas y cada uno requiere un tratamiento distinto, pero por suerte creo que son pocos los profesores que siguen instruyendo bajo la antigua tabla de valores. Personalmente estoy asistiendo en primera persona a casos de alumnos que agreden a los profesores, tanto verbal como físicamente. Llega un punto en el que la tarea del profesor no es estrictamente psicológica y no puede aguantar unas condiciones inhumanas de trabajo. Ahí creo que deben tomar partido los educadores y trabajadores sociales, las tutorías personalizadas en una clase de 30 alumnos suena harto difícil.

Coincido con la autora en la dificultad del paso de la educación primaria a la secundaria. De hecho, creo que el mayor error que se ha cometido en la educación española es adelantar dos años la entrada al complejo mundo de la secundaria, cuando en la preadolescencia los niños no hacen más que preguntarse: Pero ¿para qué sirve esto que estoy estudiando?. La adolescencia es la etapa más difícil de lidiar posiblemente de la vida, pero a veces se antoja imposible educar a jóvenes que su entorno les ha hecho violentos e irracionales. El papel del profesor no llega a esos extremos, no puede ser de su competencia tratar asuntos tan extremos como alumnos que humillan y agreden a aquellos que sólo quieren enseñarles. Un adolescente que se cierre en banda a continuar con sus estudios secundarios no está llamado a fracasar en la vida, pues por suerte existe la educación para mayores y ese mismo adolescente puede retomar los estudios básicos con la mayoría de edad cumplida. Son pocos años los que pasan, pero la cabeza se asiente en ese período tan corto, el ex alumno seguramente haya tenido la posibilidad de comprobar la dura que puede ser la vida más allá de la valla del instituto y entonces tendrá más fuerza de voluntad y mayores aptitudes para retomar lo que en una etapa de rebeldía abandonó. No menospreciemos el papel de la educación para mayores.

Espero haberme dado a entender con lo que expongo, eran muchas ideas las que quería mostrar en este comentario.

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