domingo, 14 de febrero de 2010

Ejemplaridad pública, qué gran cuestión

Hace días acudí a una sugerente conferencia en el Real Casino de Murcia del Director de la Fundación Juan March, Javier Gomá, titulada “Ejemplaridad pública”. El título de la conferencia coincide con el de su último libro, una reflexión sobre el papel que tienen los políticos no sólo como creadores de normas legales que regulan el comportamiento de los ciudadanos sino también como modelos a imitar: ya sean ellos voluntariamente los que se exponen como ejemplo o no, ya quiera los emule la gente de manera consciente o inconscientemente. En concreto, Gomá afirma sobre los políticos: «lo que ellos hacen son leyes coactivas capaces de transformar la realidad, pero lo que ellos son es a menudo mucho más importante, porque son ejemplos que tienen mucha influencia en nuestra vida, nuestra hacienda y nuestra libertad y se convierten en una fuente de moralidad social».

Sin haber tenido todavía el libro en mis manos, como creo que algo sé del tema de los políticos y los ciudadanos, me atreveré a aportar una pequeña reflexión propia sobre el tema en cuestión en esta nota. En primer lugar, no creo que el tema de la ejemplaridad pública se aplique sólo a los políticos, claro está que los políticos son los que ocupan los “cargos públicos” y que protagonizan los telediarios, las portadas de los periódicos y las noticias de la radio… pero hay mucho más, hay mucha más vida pública y muchos más personajes de los que la gente toma ejemplo: ellos también deberían actuar ejemplarmente en la medida de sus posibilidades. Lo que pasa en los medios de comunicación creo que es un buen ejemplo, las parrillas televisivas de las principales cadenas no están llenas de buenos periodistas (que también los hay) sino de pseudo periodistas y “personajes” que, justamente por no ser buenos ejemplos a seguir, por su “humanidad”, conectan más con la audiencia. Otro tanto de lo mismo se puede decir que pasa con muchos artistas de los que precisamente el morbo que despiertan sus malas vidas los hacen más populares, véase Amy Winehouse, por citar una entre un millón. El caso es que ellos también son modelos de imitación, incluso con una importancia sensiblemente mayor que la de los políticos.

En segundo lugar, considero que la ejemplaridad pública debe ir sostenida de una ejemplaridad en lo privado, para que aquella no sea la expresión de la mayor de las hipocresías, un simple acto de marketing social. Es más, me atrevería a decir que sin esa coherencia entre lo que se es y lo que se muestra de uno mismo al exterior, es imposible que la ejemplaridad pública sea sostenible, tarde o temprano acabará saliendo el verdadero “yo” a la luz y esa imagen pulcra acabará por los suelos. Por lo que ha de tenerse un interés de mejorar y crecer personalmente de manera constante si uno quiere ser un ejemplo para los demás. Y eso no es fácil, requiere un esfuerzo, un compromiso y una tensión permanente, no sólo cuando nos sentimos observados.

Finalmente, me parece a mí que la ejemplaridad no debe quedarse sólo en lo puramente estético, en el mundo de las formas y de los estilos, que también son importantes. Pero creo que si aprendemos a comportarnos impecablemente en lo formal y, después, siempre que tenemos opción de mejorar o empeorar la situación de los demás actuamos como si fuéramos el mismo diablo, estaremos yendo hacia atrás en vez de hacia delante. Igual que se dice que la cara es el espejo del alma, las formas deben ser reflejo de los sentimientos y las intenciones. Si no, el ejemplo que se estará dando es el de que con las buenas formas basta, que la única obligación que tenemos las personas respecto a las demás es la de respetar las formas. Esa superficialidad es propia de los déspotas y de sociedades pasadas, impropia del ideal de ciudadano del mundo del siglo XXI.

Dicho lo anterior, animo pues a hacer lo más difícil, que es pensar en fórmulas eficaces para conseguir los tres objetivos siguientes:

a) Que las personas de conducta más ejemplar participen en la vida pública.
b) Que las personas que ya participan en la vida pública sean más ejemplares.
c) Que las personas de conducta inejemplar sólo participen en la vida pública como ejemplo de lo que no se debe hacer y lo que no se debe ser.

No basta sólo con querer que los que ocupan posiciones de relevancia se comporten como deben, hay que diseñar los mecanismos para promover y garantizar que nuestros tres objetivos se cumplen y eso corresponde a un esfuerzo que tiene que hacer la sociedad en su conjunto. Mundo, estamos a ello o no estamos.

4 comentarios:

Anónimo,  14 de febrero de 2010, 20:37  

Hola Ramón, la educación es a lo largo de la vida y se divide en:
1.Formal;Escolarización en Centros
2.No formal;Talleres, cursos
3Informal;Prensa, T.V,Internet,cine
Por lo que estoy muy de acuerdo con Ud en la responsabilidad que tiene la sociedad en general en la educación permanente,pero creo que por seguir los ejemplos a los que hace alusión es responsabilidad de los medios de comunicación difundir noticias de éstos personajes o contar con ellos como contertulios y creo que estaríamos ante una dificil disyuntiva:Controla el gobierno mediante ley que no puedan estar presentes éste tipo de personas en programas que se ajusten a ciertos
horarios o por el contrario como estamos en un estado de bienestar y de libre mercado respetamos la ley de la oferta y la demanda de los propietarios de las cadenas que ven la T.V. como un negocio al que piden máxima rentabilidad?

Ramón Villaplana 15 de febrero de 2010, 13:47  

Hola, muchas gracias por el comentario,

Respecto a lo primero que comenta, habría que tener en cuenta también la educación que da la familia pues no se puede dejar toda la responsabilidad en manos de las instituciones de enseñanza. Por otra parte, los medios de comunicación no creo que "eduquen" sino más bien "socializan", al igual que los grupos de amigos, las asociaciones, clubs, empresas, etc. Espero que esta consideración le sirva de utilidad.

Respecto a lo segundo, no creo que el Gobierno deba regular, gestionar o censurar el contenido de la información salvo en los casos de protección del menor ante contenidos inadecuados (violencia, racismo, sexo, etc.). Como decía al final del artículo, el esfuerzo debe ser de la sociedad en su conjunto, empezando por los consumidores que deben hacer por no consumir "telebasura", entre otras cosas, siguiendo por los empresarios de los medios de comunicación que deben comprometerse no sólo con el rendimiento económico sino con la CALIDAD de lo que venden. Por otra parte, tanto los políticos como la gente que sale en los medios de comunicación -por citar los dos ejemplos quizás más importantes- deberían hacer autocrítica y a más de uno debería caérsele la cara de vergüenza de las cosas que hace pero si la gente les aplaude en vez de reprocharles es normal que sigan donde están.

Saludos.

POTI 15 de febrero de 2010, 19:55  

Ole, ole y ole por tu entrada aportada al blog. Me fascina este tema pero creo que aquí hay materia para llenar dos blogs como este.
Yo me entristezco al ver imágenes de la televisión antigua, cuando hacen "re-makes" en los que se pueden ver grandes tertulias de la época, en las que participaba Fernando Fernán Gómez (por ejemplo), que a mi juicio es tan valido humanamente hablando como Belén Esteban, pero creo que como tertuliano tiene este primero algo más de peso cultural que "la" Esteban.
Y sin ahondar mucho mas en este tema quisiera confesaros que me siento mal conmigo mismo porque cada vez que sale el tema de conversación en una cena, reunión, en un bar tomando cañas, que Juan se ha acostado con Nuria, (son nombres inventados por mi desconocimiento en materia reality) en el programa de Gran Hermano, en vez de criticarlo férreamente, eludo esa responsabilidad debido a que algo en mi interior sabe que tengo perdida la batalla de hacer a esa persona desistir de ver ese tipo de programas.
Y debemos pararnos a pensar que la gente de los ochentas, como yo, que tiene ya encargada descendencia, que tipo de socialización queremos para nuestros hijos, ya que yo puedo educarlo, pero la socialización es algo que no puedo controlar común a todo lo que rodea a ese nuevo ser.
Que conste que yo no soy un tipo que va de cultureta por no ver Gran Hermano, no tengo título universitario si quiera, soy empleado por cuenta ajena, pero aun así me creo con derecho a denunciar la idiotización de los medios y lo que es todavía más grave, que lo hagan para mover a las masas hacia una falta de cultura total con ciertos fines ocultos.

MerDomSal 23 de marzo de 2010, 15:49  

Ayer mismo estuvo Gomá en Córdoba hablando sobre la responsabilidad del ejemplo en una sociedad democrática. El director de la Fundación Juan March aseguró que "la política es una máquina de proponer ejemplos" y los políticos "una de las principales fuentes de moralidad o desmoralidad social", por lo que el estilo de vida de la clase política "debe inspirar confianza".

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